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Hugo Rojas: “NuestramemorIA une las HACS con la ingeniería para fortalecer las instituciones que protegen los derechos humanos”

¿Qué ocurre cuando millones de documentos, fotografías, expedientes judiciales, cartas, audios y testimonios que permanecen dispersos pueden ser analizados y conectados mediante inteligencia artificial? Esa es una de las preguntas que aborda el proyecto interdisciplinario en el que participa Hugo Rojas, sociólogo del derecho, especialista en justicia transicional, académico investigador de la Facultad de Derecho […]

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¿Qué ocurre cuando millones de documentos, fotografías, expedientes judiciales, cartas, audios y testimonios que permanecen dispersos pueden ser analizados y conectados mediante inteligencia artificial? Esa es una de las preguntas que aborda el proyecto interdisciplinario en el que participa Hugo Rojas, sociólogo del derecho, especialista en justicia transicional, académico investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado y profesor asociado de la Universidad Católica del Uruguay. 

La iniciativa es llevada adelante por un equipo en el que, además, participan los académicos del Departamento de Ciencias de la Computación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Domingo Mery, Jocelyn Dunstan y Juan Reutter; el profesor Stephan Ruderer, del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, e investigadores postdoctorales, doctorales y de magíster. Los conocimientos provenientes de las ciencias sociales y humanidades (HACS) , la archivística y la ingeniería les han permitido trabajar en forma articulada para desarrollar NuestramemorIA, un proyecto capaz de procesar grandes volúmenes de información. 

El objetivo, explica Rojas, no es reemplazar a quienes analizan manualmente las violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura, sino entregarles nuevas herramientas para encontrar conexiones, identificar vacíos y orientar sus investigaciones. 

¿Cómo nace este proyecto y qué problema buscaban abordar? 

El proyecto surgió hace tres años, con ocasión de la conmemoración de los 50 años del golpe. En ese momento, fui entrevistado en un podcast para reflexionar sobre los archivos y la justicia transicional en el país. Ahí formulé varias inquietudes: ¿quién cuida los archivos? ¿Por qué no tenemos un gran archivo de la represión? ¿Cómo preservamos esos documentos? ¿Quién puede acceder a ellos? 

Esa entrevista la escuchó el profesor Domingo Mery. Nos juntamos a conversar y yo le transmití mis preocupaciones sobre el mundo de los archivos de derechos humanos. Él comenzó a explicarme cómo las nuevas tecnologías podían ayudarnos a responder algunas de esas preguntas. 

En agosto de 2023 acordamos trabajar juntos y rápidamente se incorporaron investigadores de ciencias de la computación. El primer paso fue que yo los ayudara a conocer el mundo de los archivos de derechos humanos y que ellos, a su vez, nos acercaran al mundo de la inteligencia artificial. 

¿Qué puede hacer la inteligencia artificial con estos archivos que antes era muy difícil hacer? 

Hay muchísima documentación relacionada con las violaciones a los derechos humanos y está fragmentada en distintas instituciones, organizaciones, comunidades y familias. El trabajo investigativo tradicional toma años. 

Las nuevas herramientas nos permiten acelerar las búsquedas y, especialmente, conectar información que muchas veces no vemos cuando analizamos los documentos de manera aislada.  

Podemos trabajar con expedientes judiciales, resoluciones de la administración pública, cartas, diarios de vida, audios, documentales y fotografías. Convertimos esos materiales en información que puede ser procesada y conectada. Así podemos construir relaciones entre documentos y hacer preguntas que nos permitan encontrar información. 

—¿Cómo la inteligencia artificial reconstruye este entramado? 

Nos ayuda a sistematizar la información que existe, ponerla en perspectiva y captar aquello que falta: cuáles son las piezas que todavía no tenemos y qué información necesitamos buscar. 

La inteligencia artificial puede ayudarnos a construir una historia, identificar lugares, personas y hechos, pero después viene un componente metodológico fundamental: la validación humana. 

¿Por qué es tan importante esa validación? 

Lo que está en juego es el futuro. No podemos entregarle a la inteligencia artificial la tarea de decidir qué es verdadero. Tenemos que apoyarnos en nuestras evidencias. El día de mañana, alguien podría contar una historia de manera diferente, sin haber sido testigo, o incluso podría obtenerla a través de una inteligencia artificial sin que sepamos cuán fidedigna es. 

Por eso, una de las cosas que hemos desarrollado es que, cuando la inteligencia artificial entrega un relato, también proporciona las citas y referencias de los documentos que utilizó. 

El proyecto reúne ingeniería, ciencias sociales, humanidades, historia y archivística. ¿Qué demuestra esta experiencia sobre la investigación interdisciplinaria? 

Demuestra que las disciplinas se necesitan mutuamente. 

Los ingenieros que trabajan con nosotros se dieron cuenta de que necesitaban a las ciencias sociales y a las humanidades para avanzar. Y nosotros también nos dimos cuenta de que teníamos problemas con los archivos que no podíamos resolver solos. 

Este proyecto es un ejemplo de la importancia de propiciar puentes entre las distintas áreas del saber. Eso funciona cuando existe un ecosistema científico que estimula los diálogos interdisciplinarios. 

Y, además, necesitamos a la inteligencia artificial como una compañera necesaria para avanzar. 

A propósito de eso, ¿qué riesgos existen cuando se priorizan algunas áreas del conocimiento por sobre otras? 

Es un gran error perjudicar unas disciplinas en beneficio de otras. El desarrollo está asociado al progreso en todas las áreas del saber y también en la interacción entre ellas. Ninguna disciplina es capaz de resolver problemas complejos por sí misma. 

Por eso creo que este tipo de decisiones debería ser resultado de procesos participativos y deliberativos de las comunidades científicas, y no solamente de decisiones administrativas asociadas a la contingencia. 

Finalmente, ¿qué aprendizaje cree que debiera quedar para las nuevas generaciones? 

Lo importante son los aprendizajes de una cultura de derechos humanos para que “Nunca Más” vuelvan a ocurrir las violaciones a los derechos humanos, no solo en nuestro país, sino que en la región. Nos acabamos de adjudicar un fondo internacional que nos permitirá ampliar NuestramemorIA y desarrollar “Memorias del Sur”, un proyecto en el que participan investigadores uruguayos, argentinos y chilenos para examinar los archivos de derechos humanos de las dictaduras del Cono Sur. 

Para eso, necesitamos preservar la memoria y fortalecer las instituciones que protegen estos derechos. No basta con tener tecnología: necesitamos documentos, investigación, comunidades científicas y una cultura que valore el estado de derecho, la democracia y los derechos humanos. 

La inteligencia artificial puede ayudarnos a reconstruir el pasado, encontrar conexiones y hacer nuevas preguntas. Pero la responsabilidad de comprender nuestra historia y decidir qué hacemos con ese conocimiento sigue siendo nuestra. 

 

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